
Dentro del compartimentado mundo del manga femenino existe un subgénero sin parangón en Occidente: las historias de amor entre hombres, que en Japón gozan de una gran aceptación entre las féminas y que mueven mensualmente millones de revistas, tomos de manga, versiones animadas y merchandising. En Occidente, el subgénero recibe el nombre de yaoi, aunque el término correcto en japonés es el de Boys' Love.
Por supuesto, la historia del Boys' Love es mucho más complicada. Los primeros ejemplos del género se remontan a principios de la década de los 70, cuando las mujeres empezaban a introducirse en el mundo del manga de forma profesional. Un grupo de valientes, conocidas como "El grupo de las Magníficas del 24", fueron sus creadoras. Por aquel entonces, el rol social de la mujer japonesa se limitaba al hogar y a los hijos. Sin embargo, "Las Magníficas del 24" -llamadas así porque nacieron en el año 24 de la era Showa, allá por el 1949-, decidieron romper esa tradición y crearon heroínas mucho más activas, profesionales, deportistas, etc. Sin embargo, había aún algunos temas que no podían ponerse en boca de una protagonista femenina, cosas como el sexo, la ambición, la crueldad, la ambigüedad... Para poder tratar estos temas, "Las Magníficas" comenzaron a crear historias protagonizadas por muchachos, esencialmente preadolescentes, que despertaban a la sexualidad... y se enamoraban de otros chicos.
La primera en tratar el tema fue Moto Hagio, que en 1971 publicó un relato corto, Juichigatsu Gimunajiumu, que marcaría el camino a seguir. Tooma no Shinzou, la primera historia larga de Hagio, narraba el amor entre dos adolescentes en un internado alemán. En 1976, su compañera, Keiko Tamemiya, también emplazaría a sus dos protagonistas masculinos en un internado, iniciando la serie Kaze to Ki no Uta, la primera gran historia de amor homosexual del manga japonés.
Este tipo de historias recibieron el nombre Shonen-Ai, es decir, "amor entre chicos", y no tenían por qué ser siempre de carácter sexual: a veces, era más admiración que amor o deseo lo que sentían los protagonistas.
En los años 80 empezó a aparecer el yaoi. Éste nada tenía que ver con el Shonen-Ai, de hecho, ni siquiera eran trabajos profesionales. Se aplicaba el término Yaoi a aquellas obras dibujadas por los fans en los que personajes de series famosas mantenían relaciones homosexuales entre ellos. Estas historias aparecían publicadas en forma de doujinshi (el fanzine japonés) y sus creadoras, aficionadas al manga, las vendían en convenciones y ferias. El yaoi se caracteriza por ser corto y limitarse a mostrar escenas de sexo entre personajes bien conocidos por el público, sin molestarse mucho por el guión.
Mientras eso ocurría en el circuito amateur, en el profesional algunas autoras decidieron llevar las relaciones entre chicos más allá de la adolescencia y, auspiciadas por la revista June, comenzaron a publicar historias de amor entre jóvenes, cargadas de angustia, drama y cada vez más componente sexual. Este tipo de historias permitían mucha más libertad a sus creadoras de la que encontraban en el shojo manga, ya que, al no estar protagonizadas por mujeres, podían saltarse muchas de las convenciones atribuidas a las féminas, como el recato, la timidez, la inocencia...
Poco a poco el género comenzó a tomar forma, estableciéndose, cómo no, algunas inquebrantables normas que han llegado hasta nuestros días. La más conocida es que en estas parejas homosexuales siempre hay un seme (del verbo semeru, atacar) y un uke (del verbo ukeru, recibir) y rara vez, por no decir nunca, intercambian roles. El uke es el más femenino de la pareja, mientras que el seme ejerce el papel dominante También comenzaron a hacerse más explícita las escenas sexuales, sobre todo cuando muchas aquellas autoras de doujinshis empezaron a hacerse profesionales. En los años 90 hubo una especie de boom y el sexo se convirtió en parte casi imprescindible de las historias de amor entre hombres., apareciendo revistas como Be Boys o BBC, centradas en las escenas más yaoi del género, mientras que otras revistas, como la mítica June se dedicaron al lado más romántico y trágico del género que, a mediados de la década de los 90, comenzó a recibir el nombre de Boys' Love.
El primer contacto del mercado occidental con estas historias llegó a través de los doujinshi, de ahí que la tendencia sea denominar yaoi a toda historia de amor entre hombres. Para los japoneses este término es bastante despectivo, ya que hace referencia a escenas sexuales sin ningún tipo de contenido artístico. Sin embargo, el género del Boy' Love está cada vez más y más presente en las librerías y en las televisiones japonesas, donde adaptaciones al anime de mangas como Gravitation, de Maki Murakami, han copado los primeros puestos de audiencia.

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